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CUADERNO

Lo que llamo fracaso

Actualizado el 22 de octubre de 2026

Considero que he fracasado varias veces. Me han despedido dos veces, en mi segundo trabajo de programador no lo hice bien e intenté sacar una empresa adelante, pero no pude. Son experiencias distintas, aunque para mí comparten esa palabra: fracaso.

Sin embargo, para mi familia yo no he fracasado nunca. Esa diferencia de miradas merece atención.

Lo que me ha enseñado

El fracaso me ha ayudado a comprender mis propios límites. No significa que ahora sepa exactamente hasta dónde puedo llegar, pero sí que tengo más elementos para reconocer lo que puedo y lo que no puedo hacer.

También me ha ayudado a valorar más lo que ya tengo. Hay algo importante en ese cambio de perspectiva: lo que no salió bien no borra lo que sigue teniendo valor. Ambas cosas pueden convivir, aunque a veces cueste verlas al mismo tiempo.

Un resultado no es una persona

Yo miro esas experiencias y veo fracasos. Mi familia me mira y no los ve así. No hace falta decidir quién tiene razón para encontrar algo útil en esa distancia.

Quizá la diferencia esté entre decir «he fracasado en esto» y convertir ese resultado en una definición de uno mismo. Puedo reconocer que hice mal un trabajo o que no conseguí sacar adelante una empresa sin reducir mi vida a esos resultados.

No necesito dejar de llamarlos fracasos. Pero sí puedo recordar que esa palabra cuenta una parte de mi historia, no toda.